El alcoholismo es un padecimiento que consiste en un consumo excesivo de alcohol, de forma que existe una dependencia física del mismo.

El alcoholismo es un tipo de drogodependencia, puede tener diversas causas y puede llegar a interferir en la salud física, mental, social y/o familiar, así como en responsabilidades laborales.

Algunas de las complicaciones que puede presentar el alcoholismo son: cáncer de esófago, hígado, colon y otras zonas; demencia y pérdida de la memoria; depresión; pancreatitis; cirrosis; hipertensión arterial; insomnio; trastorno cerebral llamado síndrome de Wernicke-Korsakoff; entre otras.

Los Tribunales, al analizar cuadros de etilismo crónico, deben ponderar las circunstancias concretas y fundamentalmente el grado de intensidad y las consecuencias que tiene la enfermedad para la aptitud social y laboral del afectado.
El elemento relevante para determinar la incapacidad permanente, no es la dependencia al alcohol, sino la limitación funcional que ésta provoca para el trabajo en general o para la profesión habitual concreta que se lleve a cabo. Lo verdaderamente importante son las secuelas que nacen de la dependencia alcohólica.

Pues bien, el alcoholismo con los síntomas más extremos (pseudo esquizofrenia paranoide alcohólica o alucinaciones alcohólicas, psicosis de Korsakov, delirio celotípico alcohólico) es incompatible con cualquier trabajo porque el sujeto no puede gobernarse a sí mismo y además se concurren todos los elementos que configuran la incapacidad permanente absoluta, tales como riesgo propio y ajeno, falta de rendimiento, de calidad y habilidad en el trabajo, es decir, no le resta capacidad laboral alguna.

Cuando el alcoholismo es severo ha de tenerse en cuenta no sólo la repercusión física de la enfermedad sino el fundamental componente psíquico, con mermas significativas desde el punto de vista volitivo y cognitivo, dada la trascendencia para poder regir la persona y la difícil compatibilidad con las exigencias de cualquier profesión, por mínima responsabilidad que ésta conlleve.

Las dolencias se corresponden con la incapacidad absoluta cuando su naturaleza, evolución relevante, facultades esenciales afectadas, así como las secuelas que conllevan, en especial las inherentes a un padecimiento psiquiátrico, suponen indudable deficiencia de raciocinio y personalidad. Por ejemplo, trabajador que padece alcoholismo crónico unido a carencias psíquicas de carácter grave, con deterioro cognitivo, falta de concentración y pérdida de memoria, e incluso síntomas psicóticos.
Del mismo modo cuando concurran otras patologías tales como cirrosis, hepatitis grave o epilepsia.

El etilismo sin tales intensas manifestaciones puede en cambio ser tributario de la incapacidad permanente total cuando se trata de profesiones cuyo desempeño en las circunstancias características de la enfermedad supondría un peligro evidente para el demandante, compañeros y terceras personas. Por ejemplo en el supuesto de un trabajador de la construcción que el alcoholismo le provoca ciertas limitaciones para trabajar en andamios o en el caso de trabajador con profesión habitual de conductor de camión. Asimismo, cuando la adicción alcohólica resulta claramente incompatible con la actividad laboral desempeñada, como es el caso de la profesión de camarero por el riesgo de recaída.

De todos modos, la mayoría de los Tribunales exigen que el trabajador haya intentado someterse a un tratamiento serio y riguroso de deshabituación del alcohol. No obstante, en muchas ocasiones, a pesar de que el trabajador sea exenólico, restan secuelas graves que impiden el desempeño de las tareas esenciales de la propia profesión o bien para cualquiera de las que el mercado laboral ofrece.