La epilepsia es un trastorno cerebral que cursa con convulsiones (crisis epilépticas) durante un tiempo. Dichas convulsiones son episodios de alteración de la actividad cerebral que producen cambios en la atención o el comportamiento. Pues bien, puede dar lugar al reconocimiento del grado de incapacidad permanente total o absoluta.

Para ello, deberá tenerse en cuenta, entre otros, el deterioro cognitivo que produzcan las crisis comiciales, así como la propia frecuencia de estas crisis. Será importante su intensidad y duración, además del resultado del tratamiento pautado, así como si hay pérdida de conciencia aun sin convulsiones, y si aparece amnesia, angustia o estrés posteriores.

En este sentido, los Tribunales de nuestro país han venido concediendo el grado de incapacidad permanente absoluta cuando las crisis o las convulsiones son de periodicidad mensual; de tipo gran mal con crisis bimensuales (es decir, entre 4 y 8 al año); crisis frecuentes y de muy difícil control e incluso en casos de dos crisis en seis meses.

Por otro lado, serán tributarias del reconocimiento del grado de incapacidad permanente total aquellas personas que padezcan crisis espaciadas o esporádicas, o las que den lugar a 3 o 4 crisis al año, teniendo en cuenta, asimismo, el tipo de actividad laboral que desarrollen.

Veamos: no será lo mismo realizar una actividad laboral liviana y sin riesgos que otra que comporte peligro tanto para el trabajador como para terceros.

Por ejemplo, será tributario del reconocimiento de una incapacidad permanente total aquél trabajador que, aun padeciendo epilepsia con crisis muy espaciadas, su profesión habitual sea la de conductor de vehículos (transportistas, conductor de autobuses, conductor de camión-grúa, gruista, etc.) dado que el riesgo de accidentabilidad es muy elevado, y puede comprometer tanto su seguridad como la de terceros.

Asimismo, si bien en ocasiones la epilepsia se inicia en la infancia, es decir, es anterior a la afiliación a la Seguridad Social, debe tenerse en cuenta, a efectos de calificar la incapacidad, si posteriormente a aquélla se ha producido una agravación trascendente y significativa que dé lugar a una anulación de la capacidad laboral. La Jurisprudencia, y concretamente el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, ha venido entendiendo que ha de estarse al momento en que aparece el efecto invalidante, en cuanto existencia real de una incapacidad para el trabajo, y no aquél en que se inicia la enfermedad, puesto que ésta, en sus primeras formas de manifestación, puede ser compatible en el trabajo.