El lupus es una enfermedad de tipo reumático, sistemático y crónico. Afecta tanto a la piel, como a las articulaciones o músculos e incluso puede llegar a afectar a todos los órganos.

La base es autoinmune, es decir, se produce por la formación de anticuerpos. Se manifiesta de forma más o menos grave y su evolución dependerá de las fases o brotes.

Si bien se desconoce su origen, afecta más a las mujeres y en época de vida fértil.

Pues bien, esta enfermedad, dependiendo de la fase en la que se encuentre, puede dar lugar al reconocimiento de una incapacidad permanente.

En este sentido, deberá tenerse en cuenta las secuelas e impedimentos que se manifiestan al padecer dicha dolencia, es decir, qué síntomas persisten y sobre todo, de qué forma afecta a los órganos del cuerpo.

Por ejemplo: dará lugar al reconocimiento de la incapacidad permanente en su grado de gran invalidez el lupus eritematoso sistémico con brote de mielitis aguda, que ha dejado como secuelas las siguientes: paraplejia con síndrome medular transverso completo con ausencia de actividad motora voluntaria infralesional y afectación sensitiva que requiere silla de ruedas para los desplazamientos.

La gran invalidez es la situación del trabajador afecto de incapacidad permanente que, a consecuencia de pérdidas anatómicas o funcionales, necesita la asistencia de otra persona para los actos más esenciales de la vida, tales como vestirse, desplazarse, comer o análogos.

Por otro lado, debe atenderse a la repercusión funcional en cada caso concreto. Los Tribunales, y en concreto el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, ha venido determinando que en casos de frecuentes brotes que requieren ajustes de la pauta de tratamiento e incluso ingresos hospitalarios, con clínica de artralgias generalizadas, podrá ser tributario del reconocimiento de incapacidad permanente absoluta, puesto que, tal y como ha reiterado el Tribunal Supremo, la aptitud para una actividad laboral implica la posibilidad de llevar a cabo las tareas de la misma con profesionalidad y cumpliendo las condiciones mínimas de continuidad, dedicación y rendimiento dentro de una jornada de trabajo.

Asimismo, será beneficiosa de una incapacidad permanente en grado de absoluta, esto es, para todo trabajo, aquella persona que padezca lupus eritematoso sistémico que produce importantes déficits de atención y concentración, así como de memoria y aprendizaje verbal y visual, que dificultan la planificación y flexibilidad cognoscitiva, y cursa con bradipsiquia.

En cambio, será tributaria del reconocimiento de incapacidad permanente total para la profesión habitual aquella persona que, atendiendo al puesto de trabajo que lleve a cabo, las secuelas y síntomas del lupus le impidan realizar las tareas esenciales de su profesión habitual.

Nuestros Tribunales han venido reconociendo el grado de incapacidad permanente total en profesiones que requieran movilidad importante o agilidad y concentración, ya que uno de los tratamientos es el corticoideo inmunosupresor y bolus de ciclofosfamida, que impide una adecuación sociolaboral normalizada, por cuanto es similar a la quimioterapia.